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| p a l a b r a :-) |
El accidente desdibujó «los límites entre un ser vivo y un vegetal». Bepino, padre de Eluana, llevaba 17 años reclamando el cumplimiento del testamento vital, que según él, ella le confió.
Como la caída en cadena de las fichas de dominó la decisión del Tribunal
Supremo, autorizando la desconexión de la sonda que la mantenía con vida,
rompió muchos silencios, como el del cardenal Javier
Lozano Barragán que calificó la decisión del alto tribunal de
«asesinato abominable» y pidió al Gobierno de Italia que «frenara esa mano
asesina» y el del CavalieriBerlusconi
que intentaba consumar un golpe de mano institucional. Casi todos los
demás estábamos pendientes de lo que sucedía en la clínica La Quiete (La
Calma) de Udine pero muy pocos lo estaban del autentico debate, como alguien
dijo «cuando el sabio señala la luna, el necio se queda mirando el dedo.» El
lunes, a las 20.30, el circo político terminó.
Son ya muchos casos los que evidencian la necesidad de regular la compatibilidad de derechos inalienables como «el derecho a la vida» y el «derecho a una muerte digna» o, dicho de otra forma, los límites de la libertad y autonomía del ser humano. Regulación que corresponde desarrollar al poder legislativo y si es posible, que lo es, sin la presión de actuar al rebufo del clima de tensión social generado por casos concretos.
La tarea no es fácil. Mas allá del estado vegetativo de la división de poderes propuesta en su día por Montesquieu, nuestros representantes, a la hora de determinar su agenda política y sobre todo, su planificada e interesada contribución a la actualidad informativa, suelen abandonar el rumbo que le marcan sus principios y valores para brujulear al pairo de puntuales sondeos de opinión y/o al compás que marcan la corte de grupos de influencia (económicos, sociales... y en este caso religiosos) que manejan a discreción el arte de influir y sobrevivir. Un nuevo formato de hacer política que vale para todo y dónde todo vale.
En nuestro país, ha bastado el mero anuncio del PSOE de promover un debate sobre «el derecho de los pacientes afectados por determinadas enfermedades terminales o invalidantes a obtener de las instituciones y de los profesionales ayuda para poner fin a su vida» para provocar la reacción aireada del líder de la oposición, calificando la iniciativa de «cortina de humo». Es lo que tiene hacer política montado a la grupa del botafumeiro, en la ida defiendes el más allá y a la vuelta garantizas el mas acá.
¡Viva la Pepa!, debió pensar el ministro Bernat Soria cuando dijo hace unos meses que «la reflexión sobre el suicidio asistido está abierta», a su juicio «la sociedad española es una sociedad madura y moderna preparada para este tipo de debate». Se equivocó. La sociedad española puede estar preparada pero desde las bancadas propias le dijeron abonico: maestro, cada cosa a su tiempo. Como botón de muestra, la diputada socialista Pilar Grande, mantiene que en estos momentos el debate sobre la muerte digna no es «prioritario», dado que con el actual testamento vital y la guía de cuidados paliativos son «mecanismos suficientes».
Con el señor Rajoy suelo coincidir cada vez en menos cosas, si es que alguna vez he coincidido en alguna. Con mi compañera Pilar, no comparto sus afirmaciones, entre otras razones por puro egoísmo, porque todos somos o podemos ser Eluana Englaro. Eso sí, me alivia la confianza de que sus palabras nada tienen que ver con la visita del secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone, un día después de sus declaraciones, a la Moncloa.
Yo estoy con Bernat Soria ¿debatir ofende? Si yo fuera ella, según el momento, sí