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| p a l a b r a :-) |
Para salir de la crisis lo mejor hubiera sido no haber entrado en ella con tanta avaricia. No es ninguna tontería; durante los últimos cinco años he escuchando a más de un alto cargo, de los distintos gobiernos de las naciones sin estado que conforman España, -eso sí, siempre «off the record»- que no se privaba de anunciar la verdad revelada sobre la que se nos venía encima. Mi pregunta siempre ha sido la misma: ¿Por qué no hacéis algo para evitarlo?.
El
Consejo de Ministros aprobará mañana el proyecto de Ley de Economía
Sostenible. Zapatero dijo, el domingo pasado, que tiene previsto convocar a
las comunidades autónomas a la IV Conferencia de Presidentes para pedirles «su
colaboración» a fin de que «la economía sostenible tenga también el empuje de
los gobiernos autonómicos». Sólo le pido a Dios.. ¡que no se les ocurra hacer
un brainstorming!.
Ha hecho falta la acumulación de demasiados dramas, traducidos en hundimiento
de empresas e incremento del paro, para que reconozcamos que las reglas del
juego eran totalmente obsoletas y que, de seguir utilizándolas, sólo
demostraríamos un enfermizo deseo autodestructivo.
Si de verdad hemos aprendido algo, es más que evidente que la única
alternativa es emprender el camino hacia el desarrollo sostenible a través de
la responsabilidad social. He dicho camino y no meta, porque de todos es
sabido que lo único permanente hoy es el cambio. A la sostenibilidad no se
llega, se camina hacia o junto a ella. Pero como la culpa es siempre de los
demás, los gobiernos, como la Iglesia, están preparando la revolución bajo el
lema de «haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga».
Algo así como si en la cátedra de Ética de la UCAM, el Sr. Aznar impartiera un curso sobre «Haz el amor y no la guerra» para veteranos de Irak.
Constituiría un acto de cinismo, con mención honorífica, que pidiéramos a las
empresas que caminen hacia la responsabilidad / sostenibilidad a la vez que
los gobiernos caminan en la misma dirección pero en sentido contrario ¿Por qué
las empresas tienen que ser más responsables que los demás? &hellipSon las
consecuencias de una sociedad ausente e indolente.
Las empresas no pueden sustraerse a su entorno, no viven aisladas. El notable
éxito obtenido por numerosas empresas en Alemania y Francia para superar la
crisis no es fruto de la casualidad, ni lo es el estruendoso fracaso que, a
pesar de loables esfuerzos, se produce en otros países.
La diferencia no radica exclusivamente en diferencias estructurales de las
respectivas economías -que también- sino en la capacidad de reacción de los
gobiernos para promover medidas que ayuden a reformular un modelo económico
que nos conducía indefectiblemente a la quiebra económica y también ética. Y,
como en todo, hay niveles. La experiencia de los polos industriales y círculos
virtuosos en Francia, es casi tan interesante como el de las bombillitas del
Sr. Sebastian en España, pero los resultados avalan más la primera que la
segunda.
Son necesarios gobiernos que apuesten decididamente -como anunciaba Zapatero,
al presentar la nueva ley- por el ahorro energético, las energías renovables,
la educación de calidad, la inversión en I+D+i, el urbanismo a la medida del
hombre y no del especulador y la internacionalización de las empresas.
Pero también hacen falta gobiernos que abonen la responsabilidad en casa
propia, que promuevan servicios e infraestructuras económicas y sociales de
calidad, que olvidando las luchas sectarias excluyentes, exijan que el
servicio público deje de constituir un lugar de enfrentamiento ideológico en
el que, por ejemplo, el antagonismo público/privado subsista como bandera de
la mitológica lucha derecha-izquierda.
Es absurda la discusión de más o menos Estado; lo que queremos, quienes lo
mantenemos, es un Estado mejor, más competente. Un Estado, por ejemplo, donde
los intereses corporativos no constituyan una restricción para el desarrollo
de los servicios públicos. A modo de ejemplo, el Ayuntamiento de Guadalajara
aprobó la semana pasada que los funcionarios volverán a tener un plus por no
faltar al trabajo ¿No sería más acertado ligar el salario de los empleados
públicos a la calidad del servicio prestado?.
Hace unos días escuché una acalorada discusión, en la que un ciudadano le
venía a espetar a su interlocutor que hay un abismo entre los dirigentes
políticos y el resto de la sociedad. Le decía que «están por hacer su
revolución cultural..., su forma de gobernar está intelectualmente desfasada.
Viven aún el paleolítico del proselitismo fundamentalista, sin percibir,
todavía, que su misión no consiste en restar a otros para sumar ellos, sino en
dar para que sumemos todos».
Tenía el hombre su parte de razón. La Administración constituye un elemento
fundamental en esa carrera por el objetivo de la sostenibilidad, pero para
ello debe dejar de tomarse como su propio objetivo y redescubrir, que ella no
es su propia razón de ser. Que la necesaria prestación de servicios públicos
no sólo no puede seguir sirviendo de coartada para aplazar su evolución, sino
que le exige evolucionar inmediatamente. No podemos seguir permitiéndonos el
lujo de la referencia a Quevedo o a Kafka, según tengamos que volver mañana o
nos perdamos en «el proceso». Es muy caro.
Emprender el camino hacia la sostenibilidad tampoco tiene futuro sin políticas
inteligentes de intervención social; políticas desde las que se eviten en la
medida de lo posible guetos de miseria hartos de desesperanza y sin futuro.
Murcia constituye un claro ejemplo donde la distribución de la riqueza es muy
asimétrica, situándose en el pelotón de cabeza de las regiones con mayor
índice de pobreza relativa, a la vez que de Mercedes-Benz u otros vehículos de
alta gama.
Y es imprescindible -cómo no- una profundización en la exquisitez, en el
respeto al medio ambiente que no es, ni más ni menos, que el respeto por el
propio ser humano y, en definitiva, actor y beneficiario del desarrollo
sostenible. Las administraciones tienen que predicar con el ejemplo. ¿Cómo se
puede pedir a la gente (ciudadanos y empresarios) que recicle si los camiones
tiran todas las bolsas al mismo vertedero? (Alcalde Cámara, seguimos esperando
una respuesta)
«Sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo». La construcción de
territorios socialmente responsables es la prioridad y la mayor de nuestras
empresas -las administraciones públicas»- tienen que predicar con el ejemplo.
Un reto para valientes porque, no se confundan, para hacer tortillas,
previamente, hay que romper los huevos.
Víctor Meseguer
http://dotraforma.blogspot.com